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Décimo séptimo.

Escrito por letrasalvacio 26-12-2017 en Escritos. Comentarios (0)

El baile se vuelve una carrera para la cual sus piernas no están hechas.

Las hojas pisoteadas son el marcapasos que acelera a medida que se acercan.

Las piedras duelen, la piel se resbala, se desliza... la arena quema.

Y las balas doradas atraviesan el viento alrededor de ella.

Silbidos y silbatos.

El himno de una nación de plástico ha sonado.

El caos y la batalla en su cabeza han empezado.

Disparos y relámpagos.

Se siente más desnuda que hace un momento.

Cada estruendo en el suelo le rompe el cuero.

Desangra su espíritu y succiona su esfuerzo.

Infecta todo a su paso, y de pronto ella cae al suelo.

Las balas no se paran.

Su alma no se levanta.

Intento tomar su mano y jalarla.

Pero es inútil coincidir siquiera nuestra mirada.

Intento gritarle, fuerte en su oído.

"No te detengas, amor mío

Corre y libértate del que fue mi destino".

Un gemido doloroso es el único sonido que recibo.

Mi esencia es empujada por los cuerpos en ropajes blancos.

Aunque la lluvia los haya mojado, siguen viéndose severos, como en el 94.

El plástico en sus cerebros ignora cuánto daño le están causando.

Jalando sus astillados pies, raspando su pecho contra el arenero.

Se la van llevando, y ella está gritando.

No hay palabras que describan el calor en mi latido.

Y la impotencia en mi nombre, cuando escucho su llamado.

El aullido de un corazón hundido. Otra mujer que ha caído.

Ya no corro, ya no danzo.

Ella no correrá y no danzará.

No porque la encierren y la tiñan de blanco otra vez.

Como en sus pesadillas, donde no hay colores, solo palidez.

Sino porque siento cómo se decolora su poder.

Se endurece la suavidad en su piel, y derraman sobre ella plástico también.

Pero va dejando en el suelo de este bosque

Su esencia para saber a dónde no volver.


Décimo sexto.

Escrito por letrasalvacio 26-12-2017 en Escritos. Comentarios (0)

Sus pies la alejan de la ciudad ficticia.

La acercan a la costa, donde el río ruge con furia.

Al aire libre grita hasta sentir que sus pulmones se estiran.

Se expanden para dejar entrar el aire del lugar donde puede ser ella misma.

Su trote se transforma en caminata,

Y la caminata la hace terminar de espaldas a la grama.

Ella mira al cielo y siente el alivio hecho frazada.

Abraza su propio torso, amándose, como si estuviera en casa.

Las primeras gotas sacuden su rostro sereno.

Haciéndole cerrar los ojos sin esfuerzo.

Por poco olvida cómo es la lluvia en Febrero...

O sus propias lágrimas confundidas con el agua que cae del cielo.

Su piel se moja y el líquido corre sobre su desnudez.

¡Que nadie vea mientras la dama se pone de pie!

Levanta una pierna, y estira su brazo, y mueve el siguiente...

Ella está danzando entre el marrón y el verde.

El cabello se moja hasta borrar el veneno con el que la maldijeron.

Deshaciendo el efecto blanquecino que los mentirosos dejaron en cada pelo.

Enjuaga su pasado y sigue caminando, sigue bailando... bailando

Corre hasta llegar al lugar donde prometimos vernos hace tres años.

Donde nos arrebataron el sueño.

Y separaron nuestros cuerpos.

La corriente ha subido y traspasado la barrera de pedernales.

Este no es un impedimento para lo que sus pies le ordenan hacer.

Aferrar a suelo de piedras para cruzar los matorrales.

Sentarse en una roca y esperarme.

Pero unas campanas se escuchan a las distancia.

Ella recuerda la misma tonada.

La lluvia no para como paró esa madrugada.

Supera sus miedos y corre, ya no danza...

Ella no quiere ser cazada.

Y corre... ya no danza.


Décimo quinto.

Escrito por letrasalvacio 26-12-2017 en Escritos. Comentarios (0)

Esa es la primera vez que su desnudez toca el aire fresco.

Siente las cosquillas en todo su cuerpo.

Ella, su risa y el siseo del viento.

Atravesando los árboles con copas altas y troncos esbeltos.

Libre del caos y del ruido mecánico de los humanoides y su veneno.

Ella acelera el paso para llegar a nuestro punto de encuentro.

Ese donde nos prometimos protegernos y querernos

Hasta que nuestros pies pisaran el mismo pavimento.

Pero nunca lo hicimos de nuevo.

Ella y yo nos fuimos iluminados esa noche de Febrero.

A mí me jalaron a la orilla,

Mientras que a ella la pusieron de rodillas.

Ella, con nuestro niño en sus entrañas

Yo, con mis esperanzas de verla sana y salva.

Ella aún recuerda mis gritos de ánimo, confundiéndose con el sufrimiento.

Sus promesa para que escapara ellos y no intentara encontrarme de nuevo.

Pero ella ha hecho todo de otra manera, ha hecho lo que cree correcto:

Romper nuestra promesa, y regresar al lugar donde le arrebataron sus sueños.

¿Cómo puedo enojarme con ella... cuando su frágil figura corre como si tuviese mucha fuerza?

¿Cómo puedo... cuando su piel brilla cuando la luz se filtra entre las copas menos densas?

Brinca como una chicuela en su primer encuentro con la naturaleza.

Sus labios se extienden y forma una sonrisa radiante, mi dulce estrella

Está viva. Desde aquí puedo sentir su vida.

Su corazón tiembla y se sacude como las ramas con las que tropieza.

Han pasado horas, y nadie le ha seguido la pista.

Sé libre niña mía, corre, antes de que sepan hacia dónde caminas. 


Décimo cuarto.

Escrito por letrasalvacio 26-12-2017 en Escritos. Comentarios (0)

Ella se permite explorar la claridad de la habitación que la atrapa.

Sabe que aún no ha logrado salir porque el blanco sigue estando frente a su cara .

Aunque es un solo punto minúsculo en medio de lo que parece la nada.

Ella sabe que aún no ha logrado salir de las manos que podrían estrangularla.

Pero no se apresura, va con calma

Es inocente y está anonadada.

Se siente embelesada por el primer toque de una flor verdadera.

La piel de una hoja jamás se ha sentido tan delicada y honesta.

Ella da dos pasos hacia adelante.

Aferra sus manos al tronco gigante.

Aún sin escalar, observa la abertura formidable,

Del mismo tamaño que la caja donde han escondido la única vía de escape.

Y sin experiencia ni técnica.

Ella comienza a subir hasta salir de la caja inmaculada.

Escala una rama alta y fuerte, esperando que no se caiga.

Su falda se levanta para mostrar una piel perfectamente cuidada.

Piel real, y no algo fabricado en edificios metálicos.

Protegida del sol bajo ropajes níveos de estilo prístino.

Que ahora no era necesario mantener sobre su cuerpo entumecido.

Ella fue dejando caer la tela dentro de la caja antes de impulsarse con un brinco.

Y tocar el suelo... suelo verdadero.

Donde el silencio se disuelve

Y la barrera es aún más escalofriante.

Pero ella ya no debe temerle...

Es libre, y ahora... ahora está lista para verme.


Décimo tercero.

Escrito por letrasalvacio 26-12-2017 en Escritos. Comentarios (0)

Sus pies impactan contra el suelo de las aceras pálidas.

Mira a sus espaldas cada tanto para asegurarse de no ser perseguida.

Ella sostiene su falda amarilla para no pisarla en la huida.

Sabe que si la atrapan su libertad podría verse destruida.

Mientras ella se va, el viento azota sus cabellos amarillos sin pedir permiso.

Él también aprecia la belleza de la fuga y la ausencia de vida en el escenario.

Como si las constelaciones se hubieran alineado para hacer posible la emigración.

El destino se ha llevado los ojos de quienes pueden arruinar el plan para dejar ese sitio.

Se siente bendecida al saber que está por olvidar los rostros fabricados.

Esos que decidieron pasar sus años envidiando y acosando.

Y otros que solo rozaron su hombro contra el que les pasaba por el lado.

Pensando siempre que las disculpas eran para novatos.

Y ella piensa en nosotros.

En lo que habrá sido de lo que creamos.

Sin tan solo hubiésemos hecho el amor en otro lado.

Lejos de la barrera de los estereotipos hechos reglamentos.

Se sorprende de llegar a la línea de salida

Antes de que aparezca la luz del día.

Más aún, encontrar tras la línea una caja que la protegía

Con un silencio casi surrealista.

Pero en el centro de esta caja sin vida.

Logra ver lo que está por venírsele encima.

"Esta... esta es la buena vida", se dice a sí misma.

La vida sin el plástico que domina.

Ella se despoja de sus zapatos blancos, ahora manchados.

Y toca el suelo con sus pies descalzos.

Para dejar en ellos la tinta que marcará el camino

En pasos que se hunden bajo el piso derretido.

La primera vez que su piel hace contacto con el suelo mojado.

La primera vez que su alma se siente en casa, porque ella ha volado.